Hoy día sólo hay una cosa permanente, el cambio. Y el cambio es la norma fija en el mundo de la comunicación y el marketing. Y de mostrarte ideas que lo cambian todo, va este blog.

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Yo elijo.

Yo elijo mi banco. Yo elijo mi coche. Y las marcas que me visten y la tecnología que necesito.

Yo elijo el medio de comunicación mediatizado para informarme cada día de lo que no pasa en el mundo. Yo accedo a las redes sociales de mi preferencia cuando quiero y no cuando quieren ellos mediante mil trucos psicológicos. No.

Yo elijo a qué pantalla me quedo pegado todo el día, cuándo me conecto y cuándo me vuelvo a conectar. Yo elijo el scroll que hago, los likes que doy, la procastinación que haga o deje de hacer, lo que comparta o deje de compartir. Yo elijo el reloj con el que soy dueño de mi tiempo o los zapatos o la chaqueta que yo realmente quiero comprarme. Yo elijo el móvil que quiero.

Yo elijo esa realidad lejana y ya puedo fantasear e idear y vivir en ella. Yo elijo sin que yo mismo tenga que elegir. Yo elijo sin que yo mismo me de cuenta de que estoy fantaseando y viviendo esa otra vida.

Yo elijo, elegirme a ti mismo.

El redactor no redacta

El redactor no redacta textos, son los textos los que le redactan. El redactor no escribe inspiración con i, si no con t de trabajo. Sabe que la creatividad es un verbo y que a la palabra imposible le sobran dos letras. Saben eso de "Léeme deprisa que yo te escribiré despacio". Juega tan bien al escondite con la falta de inspiración que nunca se encuentran. Su imaginación nunca dimite. Las ganas de mojarse en esa lluvia de gotas que encierran mensajes, tampoco. Los límites, para marcar el pasarse de la raya. Los naufragios son incendios. Los sueños de la razón, naufragios. Tiene sed o frío y no piden agua o fuego si no libros. Si el trabajo le ahoga se lo bebe. Sus palabras mentirosas siempre dicen la verdad. Y no es dónde escribe sino a quién llega. Se muere por lo menos un par de veces y sigue el camino hasta el "me perdí otra vez". Escribe como colorean los niños. Y juega con el bote de adjetivos que tienen guardado en la alacena de su imaginación. Tiene letra pequeña pero no se la enseña a cualquiera. Su lápiz ha sido golpeado por un rayo en una tormenta y solo escribe en fosforito los días que no hace sol. El redactor es capaz de volver de los lugares donde nunca ha estado. Y por último, el texto de un redactor consigue decir adios y respirar al mismo tiempo. 

Sin palabras

En esa palabras que nunca me dijiste es donde yo me convertí en ceros y unos.

Cómo escribir con éxito un manifesto

El arte de escribir un buen copy. El hado con el que algunos están tocados. Las ganas de aprender a seducir retinas a través de la escritura. Irónicamente mira esta imagen para aprender a redactar un buen manifesto.

Y para maridar dos textos y hacerlos siameses el regozor llega con esta otra. Arial jacta est.